El misterio de los radicchios gigantes (o cómo sobrevivir a un regalo inesperado)
Mira, cuando te regalan dos radicchios en el mercado, tu primera reacción es: "Gracias;" pero... luego piensas ¿qué hago con esto?"
Avance: Esa fue exactamente mi reacción.
Porque no eran radicchios normales. Eran radicchios casi del tamaño de mi cabeza. Y yo solo cocinaba para dos. Haz las matemáticas: iba a estar comiendo radicchio hasta el fin de los tiempos.
El pánico inicial (también conocido como "Google al rescate")
Ahí estaba yo, mirando estos dos monstruos morados en mi cocina, preguntándome si había alguna forma de devolverlos sin parecer malagradecida.
Mi conversación interna: Investiga.
También mi conversación interna: ¿Y si simplemente... los ignoras hasta que se pongan tristes en el fondo del refrigerador?
Pero no. Esta vez iba a ser una adulta responsable. Así que hice lo que cualquier persona hace en estos tiempos: busqué en internet "qué hacer con radicchio". Resultado: ensaladas, risottos, guarniciones. Perfecto. Tenía un plan. (Bueno, más o menos.)
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| Huevos Royale (huevos benedictinos con salmón ahumado) con ensalada de radicchio y hojas variadas. |
Día 1: La ensalada
Primera misión: usar medio radicchio sin morir en el intento.
Hice una ensalada bastante obvia pero que, para ser honesta, quedó decente:
- Radicchio picado (ese sabor amargo que te hace sentir sofisticada)
- Nueces picadas (porque siempre quedan bien)
- Queso feta desmenuzado (el que sobró de quién-sabe-qué)
- Una vinagreta con vinagre balsámico, aceite de oliva y sal (nada del otro mundo, pero funciona)
¿El resultado? Más que comestible. Me sentí como una de esas personas que "comen ensaladas porque les gustan" y no porque están en una dieta triste.
Medio radicchio menos. Uno y medio por recorrer.
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| Ensalada de radicchio, nueces y queso feta con vinagreta de vinagre balsámico. |
Día 2: El risotto (y desastre)
Para el segundo día, decidí ir a lo grande: risotto de radicchio y limón con queso feta.
Sonaba sofisticado. Sonaba a algo que le prepararía a alguien para impresionarlo. Sonaba a que sabía lo que estaba haciendo.
Otro avance: No, no sabía lo que estaba haciendo.
Lo que hice
- Salteé cebolla picada, radicchio y ajo hasta que todo quedó transparente (o algo parecido, porque honestamente me distraje mirando el teléfono y casi se me pasa).
- Agregué el arroz para risotto y lo moví un poco para que se sintiera importante.
- Añadí tres tiras de ralladura de limón porque el internet dijo que el limón y el radicchio son "almas gemelas". (¿Quién decide estas cosas?)
- Incorporé lentamente —o sea, cuando me acordaba— caldo de verduras tibio. (Agua tibia + media pastilla de caldo porque no soy millonaria.)
- Lo revolví hasta que quedó cremoso, agregué el zumo del limón al que había quitado la cáscara y el resto del queso feta del día anterior porque desperdiciar queso es un crimen.
- Aquí viene la parte importante: retiré las tiras de cáscara de limón antes de servir. Porque no hay nada más divertido que tus invitados tengan que cazar trozos de cáscara en medio del arroz. (Avance: no es divertido.)
El veredicto
A mí me pareció delicioso. El tipo de plato que me hizo pensar: "Ok, tal vez sí sé cocinar."
Al invitado... no tanto.
Resulta que ni los risottos ni los limones le gustaban demasiado. (Información que hubiera sido útil antes de cocinar, pero bueno.)
Así que ahí estaba yo, comiendo mi risotto de limón y radicchio en plan "más para mí", mientras él comió un poco de risotto, por eso de la educación, y acabó haciéndose un bocadillo.
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| Risotto de radichio al limón. |
Nota mental para la próxima vez
La próxima vez me voy a tomar el esfuerzo de rallar la cáscara de limón en lugar de poner tiras. Porque, a ver, si se pueden comer con el arroz, ¿por qué complicarse la vida pescando tiras dentro del risotto? A veces el camino que no parece el más fácil es el camino correcto.
Día 3: El triunfo agridulce (literalmente)
Para el tercer día, ya estaba en plan "si esta vez no funciona, tiro el radicchio por la ventana".
Pero entonces recordé que había visto algo sobre radicchio agridulce. Y pensé: "Ok, una última oportunidad."
El proceso
- Saqué algunas hojas exteriores del radicchio (supuestamente "para otra receta", pero en realidad no tenía ni idea de qué hacer con ellas).
- Partí el radicchio por la mitad. Ya sabes, para que se sintiera dramático y porque éramos dos.
- Lo freí con un poco de mantequilla. Ese sonido de chisporreo que te hace sentir como una chef profesional.
- Después de unos minutos, cuando empezó a dorarse y a oler increíble, añadí zumo de naranja y miel.
- Lo dejé hervir y reducir hasta que se caramelizó y se puso todo dorado y brillante.
- Lo serví con pollo a la cazuela.
El resultado
¡ÉXITO TOTAL!
No te miento, fue el tipo de plato que me hizo querer tomarle fotos desde todos los ángulos. El dulce de la miel con el amargo del radicchio, el ácido de la naranja, todo junto... Chef's kiss.
Incluso el invitado difícil del día anterior lo aprobó totalmente. El problema actual (también conocido Como "todavía no he terminado")
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| Radicchio agridulce. |
Pero aquí está la cosa: todavía tengo esas hojas que saqué el tercer día, que son casi medio radicchio, y ya no tengo invitado. Otra vez.
En mi mente: Podrías hacer otra ensalada; prueba esta vez con queso azul y termínala con pera asada. O quizás otro risotto, pero con queso de cabra...
También mi conversación interna: O simplemente aceptar la derrota y tirarlas... pero eso sería desperdiciar comida...
Así que aquí estoy. Con medio radicchio en hojas sueltas en el refrigerador, esperando inspiración. O un milagro. Lo que llegue primero.
Lo que aprendí (además de preguntar preferencias antes de cocinar)
- Los radicchios gigantes no son el fin del mundo. Son solo... mucho radicchio.
- Una ensalada simple puede salvarte el día.
- El risotto de radicchio y limón con queso es una receta a repetir, pero con otra persona. Alguien que aprecie el esfuerzo. Y el limón. Y que la próxima vez lleve cáscara rallada, no tiras.
- El radicchio agridulce es una revelación. Deberían enseñar esto en las escuelas.
- Siempre, siempre, pregunta si a tu invitado le gusta lo que vas a cocinar. O al menos ten un plan B. (El plan B puede ser pasta. Pasta siempre funciona.)
Si tú también tienes radicchios gigantes en tu cocina
Te lo confieso: todavía no sé qué voy a hacer con esas hojas sueltas. Tal vez otra ensalada. Tal vez otro risotto. Tal vez las saltee con ajo. Tal vez las ponga en una tortilla y llame eso "brunch creativo".
Lo importante es esto: si yo pude sobrevivir a dos radicchios gigantes y todavía estoy aquí, contando la historia, tú también puedes.
Y si alguien tiene ideas para medio radicchio en hojas sueltas... escucho. Por favor. Tengo como tres días antes de que empiecen a ponerse tristes.
Fin. (O tal vez no. Depende de las hojas.)
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| Ensalada de radicchio, nueces y queso azul con pera a la plancha. |






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