Encontré patatas brotadas y las planté sin pensarlo
No sé por qué, pero hoy me viene a la memoria el día que volví de unas vacaciones, hace ya un par de veranos, y me encontré la casa con ese olor tan concreto que tiene una vivienda cerrada diez días en agosto. Una mezcla de calor atrapado, algo de polvo y, en mi caso, una nota extra que no supe identificar hasta que abrí la despensa. Ahí estaban: unas patatas que le había dejado a mi amiga Nuria "por si te apeteciera cocinar algo", ahora con unos brotes blancos y verdes, apuntando hacia la única rendija de luz que entraba por la ventana. Parecían menos una verdura y más un ser vivo con opiniones propias. Mi yo interno: vale, esto ya no es comida, esto es una instalación artística. patatas con brotes Nuria se había quedado en mi casa unos días mientras yo estaba fuera. Le dejé la nevera medio llena, la despensa organizada y hasta una nota con ideas ("¡las berenjenas están para hacer un curry, no las dejes morir!"). Volví y descubrí que Nuria, con todo el cariño del...





