Ensaladas de fiambrera que no son la de siempre
Pasta, arroz y legumbres que aguantan el calor, el viaje y las ganas de repetir Estaba en la piscina, en esa hora sagrada en la que por fin te sientas y abres la fiambrera. Levanté la tapa con hambre y encontré exactamente lo que sabía que iba a encontrar: pasta, atún, maíz, aceitunas. La ensalada que llevo comiendo desde que tengo memoria. Puede que mi madre ya la preparara antes de que yo existiera. Puede que sea hereditaria. Miré alrededor. En la toalla de al lado, una familia abría sus tarteras: pasta, atún, maíz. Un poco más allá, una pareja: arroz, atún, maíz (los rebeldes). Mi yo interno lo vio claro: «Somos un país entero comiendo la misma ensalada triste. Generación tras generación. Nadie se atreve a romper el ciclo». Y no es que la de siempre esté mala. Es que la hacemos en piloto automático, sin pensar, y luego nos preguntamos por qué a la tercera cucharada ya estamos aburridos. Sosa, seca, todo blando, sabor a nevera. Así que ese día, entre el clor...








