Comer para no estresarse (más)
Qué alimentos disparan tu cortisol y qué hacer al respecto. Eran las cinco de la tarde y yo estaba de pie delante de la despensa, mirando fijamente una caja de galletas con la intensidad de alguien que busca respuestasexistenciales. Llevaba un día normal. Había dormido razonablemente bien. Había comido «sano» (o eso creía). Y sin embargo, sentía un agotamiento profundo y una necesidad urgente de azúcar que rayaba en lo desesperado. Mi yo interno fue directa: «Algo estamos haciendo mal. Esto no es hambre normal. Esto es el cuerpo pidiendo auxilio». Repasé mentalmente mi día: café a las siete, otro a las once, uno más a las tres porque la reunión de las cuatro me iba a matar. Unas galletas «integrales» a mediamañana. Un sandwich de la máquina para comer. Y esa noche, como todas, una copa de vino para «desconectar». Lo que no sabía entonces es que mi rutina aparentemente normal estaba diseñada a la perfección para mantener mi cortisol por las nube...





