Cordero y garbanzos al horno: 1 receta con 3 sabores
Hay días en los que me levanto con una energía inusual. Días en los que mi cerebro me engaña y me susurra al oído que debería cocinar "casi en serio". Pienso en salsas reducidas a fuego lento, en guarniciones elaboradas y en emplatados dignos de un restaurante caro. Pero claro, luego recuerdo que después de cocinar hay que fregar. Y ahí, mis nobles principios de "cocinera perezosa" vuelven a tomar el control absoluto de mi cuerpo. No puedo renunciar facilmente a mi religión: la ley de manchar lo mínimo indispensable. Así que, en uno de esos días, cuando me entra ese fugaz impulso de ser una chef responsable porque unos invitados que venían a cenar, busqué un punto medio. Quería un plato que pareciera sofisticado, que tuviera proteínas, verduras y legumbres, pero que se cocinara entero en una misma fuente de horno. Nada de cazuelas o sartenes extra. Nada de ollas hirviendo. Todo al mismo cacharro y que el horno haga el trabajo. Conozco muchas formas de conseguirlo...







