Ensalada de pepino aplastado o el día en que los pepinos pagaron por todo
Hay dos tipos de mal día: el que se cura con vino, y el que se cura aplastando algo con un cuchillo. El mío era del segundo. No te voy a contar el día entero porque sería pedantería: bastará con decir que hubo dos correos pasivo-agresivos, una reunión que podía haber sido un mensaje, un señor en el ascensor con demasiada colonia para una sola persona, y la sensación general de que el universo me debía algo pequeño pero concreto. Llegué a casa, solté el bolso, me quité los zapatos, y abrí la nevera con la esperanza absurda de encontrar consuelo en forma comestible. Había dos pepinos. Dos pepinos largos, verdes, modestos, olvidados en el cajón desde la compra del lunes. Tenían pinta de pepinos buenos. No tenían ninguna culpa de como había ido tarde. Mi yo interno: vamos a hacer una cosa. El gesto que llevaba semanas queriendo hacer Hace meses, en algún algoritmo, vi a una chica en TikTok aplastando pepinos. No cortándolos: aplastándolos. Con el lado plano de un cuchillo gran...







