La calabaza más allá de la crema
Todo lo que puedes hacer con ella cuando ya no puedes ver una crema más. Tengo una teoría: la calabaza tiene un problema de encasillamiento. Igual que hay actores condenados a hacer siempre de malo, la calabaza está condenada a ser siempre crema. Llega el otoño, compras una calabaza, y tu cerebro solo conoce un destino posible: trocear, hervir, triturar, nata, a la mesa. Crema. Otra vez crema. Siempre crema. Y no me malinterpretes, la crema de calabaza está riquísima. Pero cuando llevas tres a la semana porque compraste una calabaza del tamaño de un balón de playa y hay que gastarla, empiezas a mirarla con cierto rencor. Mi yo interno se plantó el otoño pasado, delante de la enésima crema: «Esto no puede ser todo. Una verdura tan grande, tan naranja, tan de temporada, tiene que servir para algo más que para que la batamos una y otra vez. Investiga. Tiene que haber vida más allá de la crema». La hay. Y es abundante. La calabaza es una de las verduras más versátiles del otoño, ca...





