Frittata de brócoli y queso de cabra (o cómo quedar bien sin saber exactamente lo que haces)
Había invitados a cenar. No de los que avisan con semanas de antelación y te dan margen para ensayar una entrada, un plato principal y un postre que al menos parezca casero. No. De los que mandan un mensaje a las seis de la tarde con "¿a las ocho te va bien?" y tú contestas "¡Claro!" porque tu yo interno todavía cree que eres el tipo de persona que tiene la nevera siempre surtida de opciones. Avance: No, no lo soy. Lo que sí tenía: unos trozos de brócoli tierno (o bimi, como prefieras llamarlo) con pinta de resignación, seis huevos más o menos frescos (uno me pareció sospechoso y lo descarté, así que en realidad eran cinco, y tuve que rebuscar en la huevera del fondo de la nevera entre los huevos antediluvianos para llegar a diez), un bloque de queso de cabra que había sobrevivido a una semana bastante más dura que la mía, media cebolla morada, un limón y pimentón. Siempre hay pimentón en mi cocina. No sé muy bien cómo, pero ahí está, como un amigo fiel que nu...






