Postres helados sin heladera (ni horno, ni sufrimiento)
Cosas dulces y frías para cuando el calor aprieta y no tienes máquina de nada Eran las cuatro de la tarde y hacía uno de esos calores que te dejan pegada al sofá como si fueras parte de la tapicería. Tenía un antojo urgente, casi físico, de algo dulce y muy frío. El problema es que no tengo heladera (¿quién tiene heladera, en serio?), encender el horno me parecía un acto de autolesión, y bajar a por un helado implicaba vestirme, calzarme y enfrentarme al sol de agosto como una heroína trágica. Mi yo interno lo tenía claro: «Tiene que haber una solución que no requiera salir de casa, ni sudar, ni comprar aparatos. Piensa». Y pensé. Y resulta que sí. Que en el congelador y en el frutero tenía todo lo necesario para hacerme un postre helado digno de ese nombre. Sin máquinas, sin horno, sin drama. Avance: acabé comiendo algo cremoso y frío en pijama, sin haber pisado la calle. Victoria absoluta. Esto es lo que aprendí ese día (y los muchos días de calor que vinieron después). ...






