Setas para quien no tiene ni idea
Cómo comprarlas, limpiarlas y cocinarlas sin sentirte una impostora en el mercado. Me pasé años pasando de largo por delante del puesto de setas. Lo miraba de reojo, con esa mezcla de deseo y desconfianza con la que una mira las cosas que le gustan pero no entiende. Había montoncitos de cosas marrones con nombres que no sabía pronunciar, texturas que iban de lo aterciopelado a lo francamente viscoso, precios que variaban de lo razonable a lo delictivo. Y yo pensaba: eso no es para mí. Eso es para gente que sabe. Compraba champiñones de bandeja, los blancos de siempre, los seguros. Y seguía de largo hacia las zanahorias, que no me juzgaban. Mi yo interno lo tenía clarísimo cada vez que me paraba un segundo de más: «No. No sabemos qué es eso, ni cómo se limpia, ni cómo se cocina, ni si nos vamos a envenenar. Coge los champiñones de siempre y vámonos antes de hacer el ridículo». Hasta que un otoño me cansé de mi propia cobardía setil. Decidí que si millones de personas cocinan setas sin ...






