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Fruta de hueso: cómo comértela antes de que se rinda

Tengo un frutero que es, básicamente, un reloj de arena emocional. Compro melocotones preciosos, duros como cantos rodados, los dejo en la encimera con un "ya madurarán" lleno de buenas intenciones, y me olvido de ellos exactamente el tiempo justo para que pase lo de siempre: un día están como piedras y, al siguiente, todos a la vez y sin previo aviso, se han puesto blandos, jugosos y con una mosca de la fruta haciendo largos alrededor como si el frutero fuera su piscina particular. Mi yo interno:  Ya avisé. Dije que había que comerlos. Nadie me escucha en esta casa. (En esta casa solo vivo yo. La discusión sigue siendo acalorada.) La fruta de hueso —melocotones, nectarinas, paraguayos, albaricoques, ciruelas, cerezas— tiene un verano cortísimo y un carácter de lo más dramático. Pasa de "imposible de morder" a "se me deshace en la mano" en lo que tardas en mirar el móvil. Así que este año me propuse dejar de tirarla blanda y empezar a pillarla en su moment...

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