Decorar la mesa sin floristería ni drama
El arte de poner bonita la mesa con lo que tienes en la cocina Venían a cenar mis suegros potenciales. La comida estaba controlada (más o menos). La casa estaba presentable (si no abrían ciertos armarios). Pero la mesa... la mesa estaba desnuda. Cuatro platos, cuatro vasos, cuatro servilletas. Funcional. Triste. Con ese aire de «aquí comen personas que han perdido la esperanza». Mi yo interno fue directa: «Necesitamos algo. Un centro de mesa. Algo que diga que nos hemos esforzado. ¿Tenemos flores? No tenemos flores. ¿Velas? En algún cajón hay unas de IKEA de hace tres años. Esto es un desastre». Y entonces miré el frutero. Había limones. Una bolsa entera de limones que había comprado para hacer algo que nunca hice. Amarillos, brillantes, perfectos. Los puse en un bol en el centro de la mesa, añadí unas ramitas de romero que tenía en la nevera, y de repente la mesa parecía... intencionada. Como si supiera lo que hacía. Ese día descubrí algo: la mejor ...
