Bizcochitos en taza

Dulces perfectos en 3 Minutos (y sin fregar montañas de cacharros)

Hay veces que me apetece algo dulce, pero la idea de sacar el batidor, ensuciar moldes y encender el horno me da angustia existencial. ¿La solución? Un postre en taza. Se hace en el microondas, en minutos, y sólo ensucias... bueno, una taza.

Bizcochito de chocolate en taza decorado con pepitas de chocolate.

Suena perfecto, ¿verdad? Pues déjame contarte: mis primeros intentos fueron un desastre. Textura de goma de borrar, explosiones volcánicas en el microondas, centros crudos rodeados de bordes resecos. Pero después de varios experimentos (y de limpiar el microondas más veces de las que me gustaría admitir), descubrí los trucos que transforman un bizcochito mediocre en un postre digno de Instagram.

Hoy te cuento todo: los dramas típicos, cómo evitarlos, y la receta de bizcocho de chocolate en taza que me ha reconfortado muchas veces de antojo dulce.

Los dramas del microondas (o por qué mis primeros postres en taza fueron desastres)

Antes de entrar en soluciones, hablemos de lo que sale mal. Porque si hay algo que une a la humanidad, es haber metido una taza al micro y sacarla convertida en un experimento científico fallido.

El volcán de lava chocolateada

Abres el microondas y encuentras un charco marrón pegajoso por todas partes. ¿Qué pasó? Llenaste demasiado la taza. Los mug cakes crecen al cocinarse (como cualquier bizcocho), y si no les dejas espacio, desbordan sin piedad.

La solución perezosa: Usa una taza grande (de 350-400 ml mínimo) y llénala sólo hasta la mitad. Sí, parece poca masa, pero créeme: va a crecer. Y si dudas del tamaño de tu taza, ponle un plato debajo en el micro, por si acaso.

La textura de pelota de goma

Le das un mordisco y... ¿esto es un bizcocho o material para hacer zapatillas deportivas? La textura gomosa tiene dos culpables principales: demasiado tiempo de cocción o exceso de huevo mal mezclado.

El microondas cocina rapidísimo y no perdona ni 15 segundos de más. Además, si te pasas batiendo la masa (o añades huevo entero cuando la receta pide sólo yema), activas demasiado las proteínas y el resultado es... bueno, masticable.

La solución perezosa: Empieza con 1 minuto de cocción y ve añadiendo intervalos de 15 segundos. Cuando la superficie ya no esté húmeda y pegajosa, para. Mejor quedarse corto que pasarse. Y mezcla los ingredientes justo hasta combinar, nada de batir como si tu vida dependiera de ello.

El centro crudo con bordes carbonizados

Por fuera parece listo, pero al clavar la cuchara descubres un lago de masa cruda en el medio. Esto pasa porque los microondas calientan de forma irregular y la masa densa tarda más en cocerse en el centro.

La solución perezosa: Usa una taza ancha en lugar de alta y estrecha (se cocina más uniforme). Y prueba este truco: cocina 45 segundos, deja reposar 10 segundos (el calor sigue actuando), y luego otros 30-45 segundos. El descanso ayuda a distribuir el calor.

La sequedad extrema

Si tu mug cake salió más seco que el Sahara, lo más probable es que lo hayas sobrecocinado. También puede pasar si usas demasiada harina o muy poco líquido.

La solución perezosa: Respeta las cantidades de la receta (sí, esta vez toca medir). Y cuando lo saques del micro, déjalo reposar 2-3 minutos. La textura mejora con el reposo. Si aun así queda seco, la próxima vez añade una cucharada extra de leche a la masa.

Para no meter la pata

Ahora que sabes qué puede salir mal, aquí van mis trucos probados para que tu mug cake salga bien a la primera (o al segundo intento, seamos realistas):

Usa la taza correcta. Que sea grande (mínimo 350 ml), apta para microondas, y ojalá con asa para sacarla sin quemarte. Yo tengo una que es mi "taza oficial de postres" y ya ni la uso para café.

Mide con cariño (aunque te dé pereza). Sé que estás cansada y que "echar a ojo" es tentador, pero en repostería las proporciones importan. Usa cucharas medidoras o una báscula de cocina si la tienes. Te evitarás disgustos.

No te pases mezclando. Revuelve justo hasta que no queden grumos visibles. Si sigues batiendo, activarás el gluten (o las proteínas del huevo) y adiós textura esponjosa.

Vigila el microondas. No lo pongas y te vayas a ver Netflix. Los primeros 1-2 minutos son críticos. Míra a través del cristal como si fuera un experimento científico (porque lo es).

Déjalo reposar. Cuando saques la taza, aguanta las ganas de clavarte la cuchara inmediatamente. Espera 2-3 minutos. La masa se asienta, el calor se distribuye mejor, y evitas quemarte la lengua.

El toque de agua caliente. Algunos expertos recomiendan añadir una cucharada de agua caliente al final de mezclar la masa. Ayuda a activar el cacao y mantiene la parte superior húmeda. Yo lo hago siempre.

La receta: Bizcocho de chocolate en taza perfecto en 3 minutos

Vale, suficiente teoría. Aquí está la receta que uso cuando necesito chocolate urgentemente y no quiero ensuciar más que una taza y una cuchara.

Descripción breve: Un bizcocho de chocolate individual, jugoso y con centro fundente, que se hace en el microondas en menos de 2 minutos. Ideal para cuando quieres postre ya y no tienes ganas de fregar.

Ingredientes (para 1 taza)

  • 3 cucharadas (45 ml) de leche (o bebida vegetal)
  • 1 yema de huevo grande (reserva la clara para otra cosa o descártala)
  • 1 1/2cucharadas (22 ml) de aceite vegetal
  • 1/4 de cucharadita de extracto de vainilla
  • 3 cucharadas (38 g) de azúcar blanco
  • 3 cucharadas (21 g) de cacao en polvo sin azúcar
  • 2 1/2cucharadas (21 g) de harina de avena (o harina sin gluten)
  • 1/8 de cucharadita de levadura en polvo
  • 1 pizca de sal
  • 1 cucharada (15 ml) de agua caliente
  • 1-2 cucharadas de chocolate negro picado (en trocitos o chips)
  • Opcional: azúcar glas, nata montada o helado para servir

Preparación

  1. Mezcla los líquidos. En tu taza grande (350-400 ml), bate con un tenedor la leche, la yema, el aceite y la vainilla hasta que estén bien integrados. (Si quieres que quede más bonito, puedes mezclar todo en un bol aparte y luego verterlo en la taza, pero yo soy demasiado perezosa para eso).
  2. Añade los secos. Incorpora el azúcar, el cacao, la harina, la levadura y la sal. Mezcla con el tenedor hasta que no queden grumos, pero sin pasarte batiendo. La masa debe quedar suave y uniforme.
  3. El toque mágico. Agrega la cucharada de agua caliente y mezcla de nuevo. Esto hace que el sabor a chocolate explote y la textura quede más jugosa.
  4. El chocolate fundido. Pon los trocitos de chocolate encima de la masa (no los mezcles). Se hundirán un poco al cocinar y crearán ese centro meloso que hace que valga la pena vivir.
  5. Al microondas. Cocina a potencia máxima. Empieza con 1 minuto. Abre, mira: si la superficie aún está húmeda, dale otros 30-45 segundos. En mi micro (900W) tarda exactamente 1 minuto y 45 segundos, pero esto varía. Cuando la parte de arriba ya no brille húmeda, está listo.
  6. Reposo obligatorio. Saca la taza (¡cuidado, quema!) y déjala reposar 2-3 minutos. Este paso es importante: la textura mejora y evitas quemarte.
  7. Decora (si te apetece). Espolvorea azúcar glas, añade nata montada, pon una bola de helado por encima... o cómelo directamente de la taza con una cuchara. Aquí no juzgamos.

Trucos perezosos extra

Sin huevo: Puedes probar con 1½ cucharadas de compota de manzana o yogur natural, aunque no lo he probado personalmente. Si lo haces, cuéntame cómo sale.

Versión sin gluten: Usa harina de avena certificada sin gluten o una mezcla universal sin gluten.

Versión sin lácteos: Cambia la leche por bebida de avena o almendra. Funciona igual de bien.

Nivel gourmet: Pon una cucharada de crema de cacahuete o Nutella en el centro antes de cocinar. Explosión de sabor garantizada.

El toque final: Trucos para que parezca repostería de lujo

Seamos sinceras: un mug cake recién salido del microondas no es precisamente bonito. Pero con un par de detalles, puedes convertirlo en algo digno de foto.

Sirve en la taza bonita. Si tienes una taza de cerámica chula, úsala para cocinar. Ya sale con mejor pinta.

Añade textura. Un poco de nata montada, unos frutos rojos frescos, o incluso unas galletas desmenuzadas por encima transforman el postre.

Doble chocolate. Si le echas unas virutas o unas pepitas de chocolate encima al sacarlo del microondas se funden parcialmente mientras reposa ¡Queda sensacional!

El helado es tu amigo. Una bola de helado de vainilla sobre el mug cake caliente crea un contraste de temperaturas que es pura magia. Y además tapa cualquier imperfección.

Espolvorea algo. Azúcar glas, cacao en polvo, canela... lo que tengas a mano. Hace que parezca que te has esforzado (avance: no es realmente esfuerzo). No te recomiendo espolvorear con el entusiasmo que suelo tener porque puedes acabar tosiendo como si hubieras hecho niebla teatral.

Usa el plato de debajo. En lugar de comer directamente de la taza, voltéala sobre un plato bonito. El mug cake cae formando una especie de volcán de chocolate. Añade la guarnición alrededor y voilà, postre de restaurante.

La verdad sobre los bizcochos en taza

¿Son el mejor bizcocho del mundo? No. ¿Sustituyen a una tarta de verdad horneada con amor? Tampoco. Pero cuando son las 22:30, tienes un antojo de chocolate del tamaño de una catedral, y la idea de encender el horno te provoca risa nerviosa, un mug cake bien hecho es un regalo del cielo.

Lo mejor de todo: no ensucias prácticamente nada. Una taza, una cuchara, quizá un bol si eres fancy. Tres minutos después estás comiendo postre caliente. Y si te sale mal la primera vez, no pasa nada: haces otro. No has invertido ni tiempo ni esfuerzo suficiente como para sentirte mal.

Yo, que soy perezosa profesional, he hecho decenas de estos. Algunos han quedado espectaculares, otros regulares, y uno particularmente desastroso acabó pegado al techo del microondas (larga historia). Pero incluso los mediocres eran comestibles, y eso ya es un triunfo.

Así que la próxima vez que llegues a casa muerta de cansancio y con ganas de algo dulce, acuérdate de esta receta. Saca tu taza grande, mezcla cuatro cosas, dale al botón del microondas, y antes de que el agua de la ducha salga caliente, tienes postre.

Y si alguien te pregunta, dile que es "repostería minimalista". Suena mucho mejor que "no tenía ganas de fregar".

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