Patatas al horno para vagos con invitados (…y cero complejos)

El domingo pasado cometí el error de principiante de invitar a gente a cenar. No sé en qué momento mi cerebro pensó que organizar un evento social el último día del fin de semana era una buena idea, pero ahí estaba yo: con cuatro invitados confirmados, la nevera tiritando (fui a la compra sin haber hecho una lista) y las ganas de recoger cocina bajo mínimos.

Mi plan original era hacer algo elaborado para parecer una adulta funcional, pero la realidad se impuso rápidamente. Necesitaba un acompañamiento que gritara "me he esforzado muchísimo" pero que en realidad susurrara "he estado en el sofá hasta hace 20 minutos".

Así es como preparé estas patatas al horno, o como me gusta llamarlas: "falso gratinado para vagos".
Y triunfaron. De hecho, eclipsaron totalmente al plato principal (que, sinceramente, tampoco era difícil de eclipsar). Son suaves, doradas, burbujeantes y saben a gloria bendita. Lo mejor de todo es que no hay bechamel que remover durante horas ni grumos que disolver con lágrimas.

Patatas al horno con queso parmesano - imagen sintética.

Aquí os cuento cómo tratar bien a vuestros invitados con el mínimo esfuerzo.

Ingredientes (para 4 personas con buen saque)

  • 500g de patatas nuevas o de guarnición: De esas que tienen la piel fina y no se deshacen con mirarlas, lavadas.
  • 100 ml de nata líquida para cocinar: Cuanta más grasa, más felicidad. No es día de dietas.
  • 1 cucharadita de mostaza de Dijon: Le da el toque "chef francés" sin tener que ir a Francia.
  • Sal y pimienta negra: Al gusto, pero sed generosos.
  • Queso parmesano rallado: O el que tengáis triste en la nevera, pero el parmesano le da sabor y costrita crujiente.
  • Un poco de agua: Del grifo, la única cosa gratis de esta receta.

El "no-método" paso a paso

  1. El corte estratégico: Precalienta el horno a 200°C (o 180°C si usas ventilador y te sientes tecnológico). Lava las patatas como si fueran tu mascota favorita. No hace falta pelarlas (¡punto para la pereza!), pero córtalas a lo largo en 3 o 4 rodajas, de un grosor de un centímetro más o menos o puedes cortarlas en gajos.
  2. El baño caliente: Tira las patatas en una olla grande y cúbrelas con agua a ras. Echa una cucharadita de sal. Ponlo al fuego y deja que hierva. Cuando empiece el burbujeo, baja un poco el fuego y déjalas unos 8-10 minutos. Tienen que estar cocidas pero no hechas puré. Si al pincharla se rompe, te has pasado (pero oye, puré gratinado también se acepta).
  3. El traslado: Escurre las patatas y tíralas con gracia (pero sin quemarte) en una fuente de horno bajita. Que no se amontonen mucho, que necesitan su espacio personal para dorarse.
  4. La magia de la salsa: En un bol pequeño, mezcla la nata líquida con la mostaza, un poco más de sal y pimienta. Remueve con energía. Vierte esta mezcla sobre las patatas calientes asegurándote de que todas reciban un poco de amor.
  5. El toque final: Esparce el queso parmesano por encima como si esturvira cayendo un chaparrón quesícola.
  6. Al horno y a olvidarse: Mete la fuente en el horno y déjala unos 15-20 minutos. Sabrás que están listas cuando estén doradas, burbujeando y tu cocina huela a hogar de anuncio de televisión.

Versión freidora de aire para dos personas (o para días mas perezosos de lo normal)

¿No tienes ganas de encender el horno o solo sois dos en casa? No pasa nada, la freidora de aire es tu amiga. Aquí va el “truqui”:

  • Usa unos 250g de patatas pequeñas o medianas. Haz el mismo corte (en rodajas de 1 cm) y hiérvelas igual, pero con menos agua y menos drama (unos 6-7 minutos porque serán menos).
  • Escúrrelas y colócalas directamente en la cubeta de la air fryer, intentando que queden en una sola capa (o casi).
  • Mezcla en un bol pequeño 50 ml de nata líquida, ½ cucharadita de mostaza, sal, pimienta y un puñado generoso de queso.
  • Vierte la mezcla por encima de las patatas, remueve un poco para que se empapen bien, y programa la freidora a 180°C unos 10-12 minutos. Ve mirando: quieres que estén doradas y burbujeantes, pero no carbonizadas (que la pereza no te deje perder el control del tiempo).
  • Saca, deja templar un minuto (si puedes resistir), y sirve directamente. Da igual que la presentación sea caótica: están buenísimas.

Variaciones para cuando te sientes creativo (o tienes sobras)

La versión "Pro": Si tienes un cubito de caldo de verduras o de caldo de pollo olvidado en la despensa, desmenúzalo en el agua de cocer las patatas (paso 2). Le da un sabor que tus invitados no sabrán identificar pero adorarán.

La versión "Fina": Si en vez de nata líquida usas crème fraîche (crema fresca), la salsa quedará más espesa y con un puntito ácido delicioso. Se mezcla igual con la mostaza en el paso 4.

La versión "Limpieza de nevera": ¿Tienes espinacas tiernas que debes usar? Tíralas por encima justo antes de servir para que parezca que comes verdura.

El veredicto

Mis invitados rebañaron la fuente con pan. Nadie preguntó por qué no había bechamel casera ni sospecharon que la receta se hizo en el tiempo que tardé en decidir qué música poner.

Fue el éxito del domingo y la prueba definitiva de que, a veces, menos es más (y más queso es siempre mejor). ¡A disfrutar, perezosos!


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