Fruta de hueso: cómo comértela antes de que se rinda
Tengo un frutero que es, básicamente, un reloj de arena emocional. Compro melocotones preciosos, duros como cantos rodados, los dejo en la encimera con un "ya madurarán" lleno de buenas intenciones, y me olvido de ellos exactamente el tiempo justo para que pase lo de siempre: un día están como piedras y, al siguiente, todos a la vez y sin previo aviso, se han puesto blandos, jugosos y con una mosca de la fruta haciendo largos alrededor como si el frutero fuera su piscina particular.
Mi yo interno: Ya avisé. Dije que había que comerlos. Nadie me escucha en esta casa.
(En esta casa solo vivo yo. La discusión sigue siendo acalorada.)
La fruta de hueso —melocotones, nectarinas, paraguayos, albaricoques, ciruelas, cerezas— tiene un verano cortísimo y un carácter de lo más dramático. Pasa de "imposible de morder" a "se me deshace en la mano" en lo que tardas en mirar el móvil. Así que este año me propuse dejar de tirarla blanda y empezar a pillarla en su momento. Y, de paso, descubrí que no todo es comérsela de pie sobre el fregadero con el jugo cayéndome por la muñeca (aunque eso, que conste, sigue siendo un plan perfectamente válido).
La revelación me llegó una tarde con dos nectarinas al borde del abismo y media bolsa de rúcula medio pocha. No tenía ganas de cocinar nada, así que corté la fruta en gajos, le tiré por encima unas lonchas de jamón que andaban por la nevera, un poco de queso y un chorro de aceite. Lo probé de pie, sin muchas expectativas. Y me quedé parada en mitad de la cocina pensando: pero esto es lo que cobran a doce euros en las terrazas.
Lo que aprendí
Que la fruta de hueso madura a temperatura ambiente, así que lo de dejarla en la encimera está bien… hasta que está en su punto. En ese momento, a la nevera, que el frío le echa el freno y te da unos días más de margen. Si la compráis dura como una piedra, dejadla fuera, y si tenéis prisa, ponedla cerca de un plátano: es un truco viejo y funciona.
Que la fruta pasada no es basura, es materia prima. Esos melocotones que ya no os atrevéis a morder de lo blandos son perfectos para batir: un batido con un poco de yogur, o trozos al congelador y luego a la batidora para un helado exprés sin heladera ni nada.
Que la fruta de hueso es secretamente salada de espíritu. Le encanta la sal, la grasa y un toque ácido, así que se lleva de maravilla con el jamón, con un buen queso, con aceite de oliva y unas gotas de limón. Es la prima veraniega del melón con jamón, pero con más estilo.
Y que las cerezas no necesitan que hagáis absolutamente nada. Esa es su gracia y su lección: a veces la mejor receta es un lavarlas, ponerlas en un cuenco y nada más.
La receta salada: ensalada de nectarina, jamón y queso
Cero fuego, cinco minutos, cara de haberte esforzado mucho.
Para 2.
Ingredientes
- 2 nectarinas o melocotones, maduros pero aún firmes
- Unas lonchas de jamón serrano
- 1 mozzarella fresca o una burrata (o queso fresco, si lo preferís)
- Un puñado de rúcula o brotes
- Aceite de oliva virgen extra
- Unas gotas de limón o de vinagre
- Pimienta negra
Pasos
- Cortad la fruta en gajos y repartidla en el plato con la rúcula.
- Trocead el queso con las manos por encima (sí, con las manos; la burrata pide ser maltratada un poco) y colocad el jamón.
- Aliñad con un buen hilo de aceite, unas gotas de limón y pimienta. De sal, poca o ninguna: el jamón ya viene salado de fábrica.
La receta dulce: melocotones a la plancha con yogur y miel
El único momento en que enciendo algo, y son dos minutos.
Para 2.
Ingredientes
- 2 melocotones (o 4 albaricoques)
- Yogur griego
- Miel
- Opcional: unas nueces o almendras, unas hojas de menta
Pasos
- Partid la fruta por la mitad y quitad el hueso.
- Plancha o sartén bien caliente, la cara cortada hacia abajo, dos o tres minutos hasta que se marque y se caramelice un poco. Ese olorcillo a fruta tostada es la señal.
- Servid sobre una buena cucharada de yogur, con un hilo de miel y, si os apetece, los frutos secos y la menta. Postre de restaurante con esfuerzo de andar por casa.
Rescate exprés para fruta muy pasada: trocead, al microondas tres o cuatro minutos con una cucharadita de miel y tenéis una compota instantánea para el yogur o la tostada del desayuno. La fruta blanda no se tira; se reencarna.
Un paso adelante
Así que este año mi frutero ha dejado de ser un cementerio de buenas intenciones que siempre ha sido. La fruta dura espera en la encimera, la madura descansa en la nevera, la pasada se va al vaso de la batidora, y yo ceno ensaladas que parecen de terraza y postres que parecen de restaurante sin haber hecho casi nada. La mosca de la fruta, eso sí, sigue buscando piso. No se puede tener todo.
Si tenéis un cuenco de melocotones poniéndose tristes mientras leéis esto: dejad el móvil, id a por ellos. Os están esperando justo en su mejor momento, y ese momento, ya lo sabéis, dura más bien poco.




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