Chiringuito en casa

Cómo traerte la playa a la terraza cuando ya no puedes traerte la terraza a la playa

Hay un olor que lo resume todo: sardinas asándose sobre las brasas, con esa mezcla de humo, sal y mar que se te queda pegada a la memoria. Para mí, ese olor es literalmente el verano. Es el chiringuito de la playa a la que iba de pequeña, los espetos clavados en la arena junto a la barca, el agua fría en la mano, los pies llenos de arena y la sensación de que la vida no podía ser mejor.

Terraza urbana decorada como un chiringuito de playa, con una mesa preparada para un almuerzo informal con pescado a la parrilla, fritura, pimientos, pan y sangría.

El problema es que en septiembre ya no hay chiringuito. Has vuelto a la ciudad, al trabajo, a la rutina. La playa queda lejos y las vacaciones son un recuerdo. Y sin embargo, el calor todavía aprieta lo justo por las tardes, todavía se puede cenar fuera, todavía queda algo de verano en el aire.

Así que ese olor a espeto, esa nostalgia playera que te da al volver, se puede aprovechar. No para deprimirte por lo que se acabó, sino para recrearlo en casa. Mi yo interno lo vio claro una tarde templada de septiembre, mirando la terraza: «No podemos ir al chiringuito. Pero, ¿quién dice que el chiringuito no puede venir a nosotras?».

Y resulta que traerse la playa a la terraza es más fácil de lo que parece. Además, septiembre es el momento perfecto: ya no hace el calor infernal de agosto que hacía impensable encender el fuego, pero todavía queda verano suficiente para disfrutarlo.

La filosofía del chiringuito

Antes de las recetas, entendamos qué hace que el chiringuito sea el chiringuito. Porque no es solo la comida. Es una actitud.

El chiringuito es informalidad absoluta. Es comer con las manos. Es pescado sencillo, sin florituras, dejando que el producto hable. Es compartir, picar de aquí y de allá, no tener prisa. Es la bebida bien fría, la sobremesa larga, el ambiente relajado. Es, en esencia, lo contrario de una cena formal.

Para recrearlo en casa, no hace falta reproducir el pescaíto exacto de tu chiringuito favorito. Hace falta capturar esa actitud: comida sencilla y sabrosa, ambiente relajado, todo compartido, sin protocolo. Si consigues eso, ya tienes el chiringuito, aunque estés en un tercero sin ascensor en pleno centro.

Los espetos (sin barca ni arena)

El espeto de sardinas es el alma del chiringuito. Y aunque en su versión pura necesitas una barca llena de arena y unas brasas de leña de olivo, hay maneras perfectamente dignas de acercarse en casa.

Si tienes barbacoa o una plancha buena, las sardinas son facilísimas: solo necesitan sal gorda y calor fuerte. Nada de aceite, nada de adobos. Se hacen en pocos minutos por cada lado, hasta que la piel se dora y se separa. Se comen con las manos, cogiéndolas por la cabeza y la cola. Es un ritual, y el ritual es parte de la gracia.

Sin barbacoa, la plancha o una sartén de hierro bien caliente hacen un buen apaño. No es lo mismo (falta el humo), pero con unas buenas sardinas frescas, sal gorda y el punto justo de cocción, te acercas bastante.

Truco: pide las sardinas en la pescadería el mismo día, cuanto más frescas mejor. Y no las laves por dentro si las vas a hacer a la sardina entera; el punto de sal de la propia sardina es parte del sabor.

Y no todo tienen que ser sardinas: los espetos de verduras (pimiento, cebolla, calabacín) o de gambas también funcionan de maravilla y amplían la fiesta para quien no come pescado.

La fritura de pescado (sin miedo)

El otro pilar del chiringuito es la fritura. Boquerones, calamares, chopitos, cazón en adobo. Y aquí es donde mucha gente se echa atrás, porque freír en casa da respeto: el aceite, las salpicaduras, el olor.

Pero freír pescado no es tan difícil como parece, y el resultado merece la pena. Las claves son pocas: el aceite bien caliente (si no, el pescado se empapa y queda aceitoso), el pescado bien seco antes de enharinar, una harina adecuada (la de garbanzo o una específica para freír dan mejor resultado que la normal), y freír en tandas pequeñas para que el aceite no baje de temperatura.

Los boquerones son el mejor punto de partida: baratos, rápidos, y casi imposibles de estropear. Se enharinan, se fríen un par de minutos, y salen crujientes y dorados. Con un chorro de limón, son el chiringuito en estado puro.

Para el cazón en adobo, deja el pescado marinando la noche anterior en vinagre, ajo, pimentón, comino y orégano. Al día siguiente, enharinar y freír. El adobo es lo que lo convierte en fritura andaluza de verdad.

El picoteo de barra

El chiringuito no es solo pescado. Es toda esa constelación de cosas para picar mientras esperas, mientras charlas, mientras se acaba la tarde. Y aquí puedes tirar de lo que ya sabes montar:

  • Ensaladilla rusa. El clásico absoluto de la barra. Comprada de una buena charcutería o casera si te animas.
  • Aceitunas y encurtidos. Banderillas, boquerones en vinagre, altramuces. El picoteo de toda la vida.
  • Tomate aliñado. Los últimos buenos tomates del verano, en rodajas, con sal, aceite y quizás atún o ventresca. Sencillo y perfecto.
  • Patatas bravas o alioli. Porque el chiringuito sin algo de patata no es un chiringuito completo.

Si quieres profundizar en el arte del picoteo, ya hablamos sobre como preparar cosas para picar sin tocar la cocina. Aquí la única diferencia es el enfoque marino y playero.

La bebida: el tinto de verano y sus amigos

Ninguna experiencia de chiringuito está completa sin la bebida bien fría. Y el rey indiscutible es el tinto de verano: vino tinto con gaseosa (o con limón), mucho hielo, una rodaja de limón. Sencillo, refrescante, sin pretensiones. El primo humilde de la sangría, pero más fácil de beber y de preparar.

Para quien no bebe alcohol, la misma filosofía se aplica a las bebidas frescas de las que ya hemos hablado: una limonada bien fría, un té helado, un agua fresca. Lo importante es que esté frío y que se sirva en jarra, para ir rellenando durante la larga sobremesa.

Sirve las bebidas en jarra con mucho hielo y sácalas a la mesa desde el principio. El chiringuito es autoservicio: cada uno se rellena su vaso. Cuanto menos tengas que levantarte, más disfrutas.

Montar el ambiente

Y aquí está el secreto que marca la diferencia entre "cenar pescado en casa" y "montar un chiringuito": el ambiente. Porque el chiringuito, ya lo dijimos, es una actitud más que un menú.

Saca la mesa a la terraza o al balcón si puedes. Pon la comida en el centro para compartir. Usa platos y vasos sin pretensiones, cuanto más informal mejor. Música de fondo, de esa que suena en los chiringuitos. Y sobre todo: sin prisa. El chiringuito se disfruta despacio, con la tarde cayendo y la conversación fluyendo.

No hace falta que sea perfecto. De hecho, cuanto menos perfecto, más chiringuito. Un mantel de cuadros, servilletas de papel, las manos pringadas de sardina y limón. Esa es la estética. Ese es el punto.

Un pequeño duelo veraniego

Reconozco que los primeros años de vuelta de vacaciones lo pasaba mal. Septiembre me sabía a despedida, a puertas que se cierran, a "hasta el año que viene". Miraba las fotos de la playa con una nostalgia casi dramática, como si el verano se hubiera muerto y no fuera a volver jamás.

Lo que me curó de esa melancolía fue, precisamente, dejar de resistirme al final del verano y empezar a estirarlo. La primera vez que hice sardinas en la terraza un viernes de septiembre, con tinto de verano y música playera de fondo, entendí que el verano no se acaba de golpe el 1 de septiembre. Se va apagando poco a poco, y esas últimas brasas se pueden disfrutar en lugar de llorar.

El chiringuito en casa no sustituye a la playa. Pero es una manera de despedirse del verano con cariño en vez de con luto. Y eso, para quien sufre el síndrome posvacacional, no es poca cosa.

Estira el verano un poco más

Septiembre tiene esa luz especial, dorada, de verano que se despide. Las tardes todavía son largas, todavía se está bien fuera, todavía apetece el pescado y la bebida fría.

Aprovéchalo. Monta el chiringuito antes de que llegue el frío de verdad y toque cambiar el tinto de verano por el vino caliente y las sardinas por el guiso. Ese momento llegará, y será bienvenido. Pero todavía no. Todavía queda verano que exprimir, y tu terraza es tan buen chiringuito como cualquiera.


¿Tienes un chiringuito de esos que son parte de tus veranos? ¿Cuál es el plato que para ti significa "playa"? Cuéntamelo en los comentarios, que necesito ideas para estirar septiembre todo lo posible.

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